Sobre el interés por la ciencia

Estos días ha habido cierto revuelo a costa de la divulgación científica y el efecto que está teniendo sobre la sociedad en general. Creo que en realidad el debate está centrado sobre si está siendo exitosa o no y si cumple el objetivo de acercar la ciencia a la sociedad y aumentar la cultura científica de forma que nuestras acciones y decisiones resulten condicionadas por este pensamiento crítico.
He de reconocer ya en este segundo párrafo que soy más cercana a los optimistas. Creo que entre todos estamos haciendo un gran esfuerzo por divulgar y vulgarizar y que cualquiera que tenga el más mínimo interés en ciencia tiene recursos a su disposición para indagar sobre todo tipo de temas. Es cierto que estos recursos están en su inmensa mayoría en internet, pero cada vez hay más iniciativas de llevar la ciencia a la calle pensando en el público no científico, y en la mayor parte de los casos estas actividades son gratuitas. Ejemplos de esto, ciencia en el bulebar, desgranando Ciencia y las sesiones de divulgación en los bares de Murcia. En Asturias Cajastur (ahora Liberbank) patrocinaba los encuentros Café y Ciencia (con un éxito bastante discreto) pero no han tenido continuidad.

También es cierto que noto un cierto resquemor desde algunos sectores más academicistas hacia el éxito de divulgadores que en muchos casos no son profesionales de la ciencia. Sin embargo, creo que a muchos científicos, entre los que me incluyo, nos vendría genial aprender a divulgar lo que hacemos de una forma más directa y cercana. Primero hay que atraer y luego retener.

Divulgando ciencia en el INCAR, Rutas Científicas, 2012
En cualquier caso la reflexión más interesante a mi juicio es la de Juan Ignacio Pérez (@uhandrea) en el Cuaderno de Cultura Científica. La parte más jugosa de su texto es la que habla de la función social de la divulgación científica, que es donde especifica los objetivos y el grado de cumplimiento de la divulgación.
En primer lugar se divulga porque hay una demanda de conocimiento científico, porque es obligación de los científicos e instituciones trasladar a la sociedad información sobre sus actividades de investigación y para aumentar la cultura científica de la sociedad. Es precisamente en este último aspecto donde más difícil es actuar puesto que el principal agente de cultura, en general, y de cultura científica, en particular, es la educación y por lo tanto es más difícil intervenir decisivamente desde el ámbito de la divulgación. En este punto me desvío del artículo para autopromocionar una actividad de divulgación del INCAR. En  marzo vamos a impartir un taller científico para profesores de primaria a través del CPR de Oviedo, intentando darles herramientas concretas para que la ciencia esté presente en las aulas de los peques desde bien pronto. También desde Naukas voy a participar en una experiencia similar, en este caso para profes de secundaria a través del Centro Regional de Formación del Profesorado de Castilla la Mancha, en este caso online.

Y para concluir, las palabras del propio Juan Ignacio:
"Las actividades de difusión social de la ciencia son muy diversas en sus agentes, receptores, contenidos, medios, objetivos y resultados. Conforman lo que podemos definir como un verdadero sistema de la difusión social de la ciencia o como un subsistema dentro del sistema científico. Cada elemento cumple una función que es complementaria de las demás. Sus efectos son múltiples y de diferente intensidad y alcance, y lo que es más importante, unos se ejercen de forma directa y otros de manera más difusa o a través de intermediarios o vectores de transmisión, pero todos ellos, de una manera o de otra, acaban promoviendo la cultura científica en la sociedad. Ocurre, aunque a veces cueste percibirlo."