La nariz de Charles Darwin y otras historias de la neurociencia

Estoy en una etapa personal en la que me encuentro inmersa en la lectura de libros de divulgación científica. Y he de decir que hay algunos buenísimos. Acabo de leer dos libros de José Ramón Alonso, neurocientífico del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, cuyo blog UniDiversidad sorprende por cómo es capaz de relacionar arte y ciencia
 
Me han gustado mucho los dos, pero si tuviera que recomendar uno me quedaría con el más antiguo La nariz de Charles Darwin. No había leído hasta ahora nada relacionado con neurociencia, y tampoco tengo mucha tendencia a leer cosas relacionadas con el cuerpo humano, pero después de leer algunas de sus entradas en el blog, me atrajo su capacidad para relacionar la ciencia con los aspectos más personales de los científicos que la desarrollan. En esto es un maestro, hace perfiles de científicos que nos acercan casi a sus pensamientos más íntimos y es uno de los escritores de divulgación con los que más disfruto. Pero me estoy dando cuenta que esto de la divulgación científica va a ser mi perdición.... otra lista de imprescindibles para leer... (¡no sé cuándo! y solo puedo tachar uno de la lista de pendientes).
Yo y mi tendencia para enrollarme y divagar.
A lo que íbamos, que este libro trata sobre cómo funciona nuestro cerebro, cómo envejece y de cómo hemos llegado a conocerlo y a comprenderlo, con historias cortas que atrapan la atención y a narrando a la vez la historia de las personas que han hecho posible que profundicemos en este conocimiento.
Nunca me gustó hacer comentarios de texto en el colegio, me parecía (y me sigue pareciendo) pretencioso atribuirle al autor una intención más allá de las palabras que emplea, aún así José Ramón Alonso deja traslucir su admiración por las personas de las que habla, de forma que apetece correr a buscar información adicional sobre ellos.

Uno de los párrafos destacados del libro, en el capítulo en que habla de Alois Alzheimer, titulado acertadamente ¿Quién es ese alemán que me esconde las cosas? atribuidas a su sucesor Walther Spielmeyer:

"Nunca tuvo que luchar por el reconocimiento de su trabajo investigador. La claridad de sus conferencias y escritos convencía a un observador lejano de la importancia de sus resultados. En estos tiempos de prolífica publicación, donde todos piensan que tienen algo importante que decir y donde muchos publicitan las pequeñas cosas que han encontrado una y otra vez, Alzheimer nunca saltó a la arena si no tenía algo importante que mostrar"

Alzheimer murió en 1916. Casi un siglo después la política de publicación de los grupos y los centros de investigación es frenética, a niveles que a principios del siglo XX les parecerían una locura, aunque a esto dedicaremos otro espacio en su momento.

En resumen súper interesante para todos los públicos.