Mujeres, Ciencia y Premios (LNE)

(Publicado en La Nueva España el 22 de octubre de 2016 -suscriptores)


La presencia femenina en la ciencia es mayoritaria. Hace más de 25 años que las mujeres somos mayoría en las universidades españolas y se licencian (ahora gradúan) muchas más mujeres que hombres. Solo en algunas carreras, físicas y la mayor parte de las ingenierías, se mantiene una mayoría de estudiantes varones y de egresados. Sin embargo, a pesar de ser mayoría, la presencia de mujeres no está distribuida homogéneamente a lo largo de las categorías de personal tanto fijo como eventual. Así, hay mayoría de mujeres en el personal laboral y técnico mientras que la proporción disminuye muy marcadamente al ascender en las categorías profesionales. Por ejemplo solo 1 de cada 4 Profesores de Investigación del CSIC (equivalente a Catedrático de Universidad) son mujeres.




Persiste en la mente colectiva la idea de que si aún no existe igualdad, en esta y otras parcelas sociales, es porque aún no ha transcurrido el tiempo suficiente, que las mujeres hemos llegado más tarde y es imposible que hayamos podido ascender lo suficiente, que si esperamos un poco más alcanzaremos a nuestros colegas varones en todas las categorías profesionales. Sin embargo, existen dudas razonables sobre estas cuestiones. Si analizamos los datos del CSIC de hace 15 años, que ya están desagregados por sexos, podemos tener una idea de si la situación actual es o no natural. En el CSIC la edad media de acceso a la posición de Profesor de Investigación ronda los 50 años y es bastante parecida en hombres y mujeres. Esto implica que muy probablemente todos los profesores de investigación de 2001 estén ya jubilados, por lo que los profesores actuales deben provenir de los menores de 50 años en 2001. En 2001 había un 32% de científicas menores de 55 años y hoy solo hay un 24% de profesoras de investigación. Parece claro que no estamos ascendiendo al mismo ritmo que nuestros compañeros, que no es una cuestión de tiempo y permítanme dudar que sea una cuestión de valía profesional.



A estas alturas de siglo, resulta difícil sostener que las capacidades de hombres y mujeres son diferentes solo por razón de su sexo. De hecho la sociedad española cree que nuestras capacidades son similares. Así se deduce de una encuesta de 2015, hecha por L’Oreal en su programa de visibilización de las mujeres científicas, en la que se preguntaba a los europeos si veían más cualificados a hombres o a mujeres para ser científicos. Más de la mitad de los encuestados en España decían que las mujeres estábamos más cualificadas (un resultado mejor que la media europea, por cierto). No voy a basarme en una encuesta para justificar las capacidades científicas de las mujeres, pero sí para destacar que al menos mentalmente no existe una “depreciación” de las mujeres como sujetos capaces de hacer ciencia de calidad.



Bien, no es una cuestión de tiempo, entonces ¿por qué la brecha no se reduce más rápido de lo que está haciéndolo? ¿Qué factores influyen? ¿Cómo afecta esto a la sociedad?



He reflexionado sobre este tema y no tengo claras las causas, que pueden ser diferentes en las etapas de acceso a la carrera profesional y de ascenso durante la misma. El acceso coincide con el momento en que se debe decidir si formar o no una familia mientras que el ascenso puede verse condicionado por otras situaciones. Cuando por fin se consigue una plaza ¿realizamos tareas diferentes? ¿Asumimos en los grupos grandes tareas más ingratas, por ejemplo más burocracia, que dificultan el ascenso? ¿Peleamos menos para liderar proyectos, porque nuestros nombres encabecen (o cierren) la lista de autores de los artículos? ¿Cuándo nos ofrecen un puesto de gestión, un comité, un liderazgo en uno u otro campo, dudamos más antes de aceptar? ¿nos lo ofrecen menos? ¿por qué nos lo ofrecen menos? ¿o esperamos a que nos lo ofrezcan en vez de proponernos nosotras mismas? Llevado al extremo, esta brecha se maximiza en los premios importantes, Premios Nacionales de Investigación, Premios Nobel, Jaume I, Princesa de Asturias, donde menos del 5% de los premiados son mujeres.



Esta semana se publicaba en este mismo diario unas palabras de Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias en la que transmitía la preocupación de la Fundación porque hubiese mujeres premiadas y señalaba que solo un 15% de las propuestas que llegaban eran para premiar mujeres (globalmente, no solo en la categoría de ciencia). El próximo mes de diciembre en Oslo y Estocolmo los premios Nobel se entregaran a 11 varones. ¿No les extrañaría que en los premios Princesa de Asturias solo subiesen mujeres a recoger premios? Pues igual de raro debería parecernos que solo hubiese varones. Por eso es tan importante que se tengan modelos de referencia femeninos, en ciencia como en todas las demás profesiones y por eso hay que hacer el esfuerzo de presentarse a los premios y de presentar a mujeres que creemos que se lo merecen, como hacen organizaciones como AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas) de forma sistemática. No lo duden existen mujeres que podrían haber ganado el premio Nobel este año en todas las categorías. No podemos permitirnos el lujo de no valorar en lo que vale el trabajo que desarrolla la mitad de la humanidad.
Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna recogiendo su premio Princesa de Asturias de Investigación Científica en 2015, y en todas las apuestas para recibir un Nobel.