Reconocimientos

Hace unas semanas la periodista Rocío Pérez, también conocida como @galatea128 se puso en contacto conmigo para un reportaje en el que científicas de distintas áreas y generaciones explicábamos cómo habíamos acabado siendo científicas. El reportaje se publicó ayer en Xataka y podéis leerlo aquí.

La conversación con Rocío me hizo reflexionar sobre los motivos por los que soy científica y aunque sin duda el ambiente de mi casa influyó para que me gustasen las ciencias (de hecho mi hermano que estudió derecho tiene una de las mentes más analíticas y con más capacidades matemáticas de toda la profesión, jajaja, no es que sea subjetiva, que también, es que tiene una mente completamente lógica y le gustan las mates).

Total, que luego me he acordado de algunos posts/noticias que ante la pérdida de uno de esos profesores que marcan vidas recuperan su figura y le dan las gracias. Y yo no quiero que pase eso, yo quiero que las profesoras que marcaron de alguna manera mi futuro profesional tengan un reconocimiento en vida.

Estas personas fueron fundamentalmente dos, la srta. Elena de la Fuente (creo), mi profesora de matemáticas en las Dominicas de Oviedo entre 2º de BUP y COU (cursos 91-92 a 93-94) y la srta. Ángeles Riera, química que se encargaba de las asignaturas de física y química cuando compartían horario y de la química de COU.

Os parecerá probablemente raro que me siga refiriendo a ellas como la señorita Elena y la señorita Riera, pero es como me sale. A Elena prácticamente no la he vuelto a ver desde que salí del cole, y a Angeles, cuando llevaba a sus estudiantes de visita al INCAR me costaba horrores dirigirme a ella de otra forma.

Son dos personas muy distintas. Elena conseguía con su sola presencia un silencio absoluto en clase, yo era buena en matemáticas, pero ella me llevaba al límite de mis posibilidades y siempre me tocaba corregir en clase el único ejercicio de matemáticas de la serie en el que había tenido problemas y recuerdo, las pocas veces que cometía un error en la pizarra durante una demostración (tipo saltarse un signo o simplificar algo que no era) mirarlo cuatro veces antes de decírselo, aunque he de reconocer que no le parecía mal que se lo dijeras y se daba cuenta sobre la marcha del error, mientras que alguna otra tenía que digerirlo durante la tarde y lo aceptaba al día siguiente.

Elena es la segunda por la derecha y esta foto es de antes de que yo naciera, pero me encanta porque la segunda por la izquierda es Araceli Cecchini, la única hermana de mi abuela paterna.

El carácter de Ángeles Riera era completamente lo contrario, cuando se tenía que enfadar se enfadaba, pero la estoy viendo en primera fila del salón de actos del colegio, llorando, literalmente, de la risa, de nuestra interpretación de la Gallina dijo Eureka de los grandísimos Les Luthiers, creo que nunca recité tan rápido el teorema de Arquímedes.

Con ella aprendimos a dibujar los problemas y nos curtimos en factores de conversión y formulación, incluso orgánica. La srta. Riera además siempre tuvo un carácter genial, puro nervio y consiguió que muchas de nosotras acabáramos en química o ingeniería química.

Ayer le escribí un correo a la dirección que tenía pero me lo ha devuelto el servidor así que lo quiero hacer público aquí mientras me aseguro de que lo reciba

¡Hola! 
Soy Teresa Valdes-Solis (creo que me recuerdas de sobra) han escrito sobre varias científicas y por qué decidieron ser científicas y entre ellas me han preguntado a mi. 

Es probable que nunca te haya dicho cómo tú carisma y tu forma de dar clase influyó decisivamente en mi carrera profesional pero lo cierto es que has sido una buenísima influencia para mí y nunca me he arrepentido de haber optado por la ingeniería química. Además, con el desastre de plan de estudios que teníamos en IQ puedo asegurarte que viví de rentas en alguna asignatura gracias a la caña que nos habías dado antes 😂 
Muchas gracias por todo Ángeles, (todavía me cuesta no llamarte Señorita Riera, más de 20 años después) y espero que nos encontremos pronto. 


Cuando recupere el contacto con ella ya os contaré.
Una cosa más, mi cole era un cole de niñas y de monjas. Soy como soy gracias también a mi cole, para lo bueno y lo menos bueno, y lo mejor que me ha dado mi cole son mis amigas. Conservo a mis amigas de la infancia y quedamos a menudo (bueno, unas más que otras, y unas con más necesidad de organización infantil que otras), así que desde aquí quiero también aprovechar para decirles a Ana (que aunque no fue al cole lleva tanto vivido con nosotras que puede contar las anécdotas como si las hubiese vivido en primera persona), Ángeles, Bego, Gemma, Marga y Paula lo muchísimo que las quiero y lo importantes que son en mi vida. Besos chicas.
Casi todas salimos aquí



Definitivamente 2018 me ha puesto ñoña.